En arquitectura se habla muy a menudo de la naturaleza como fuente de inspiración. Y es que la simpleza que hallamos en lo natural es un contraste con la complejidad que tiene la vida. Pero la naturaleza es ademàs compleja, con variedad de colores y formas que se reflejan en la flora y fauna de cada lugar específico en el que nos encontramos o visitamos.

Hace 2 semanas tuve la oportunidad de viajar al norte del Perù, a los departamentos de Piura y Tumbes, en donde vi y pude nadar con tortugas marinas, específicamente en la caleta Los Ñuros, una hermosa playa en el norte muy visitada. Los Ñuros es la continuación natural del balneario de Los Órganos y no tiene nada que envidiarle a playas extranjeras, según refieren los miles de visitantes que admiran la belleza natural de su fauna.

Actualmente existen 7 especies de tortugas marinas en todo el mundo distribuidas en dos familias: la Cheloniidae, que incluye a las tortugas de caparazón duro y la Demachelyidae, una tortuga de caparazón blando. 

En el Perú, tenemos 5 de las 7 especies: la tortuga de dorso de cuero, la cabezona, la golfina, la tortuga azul y también la verde. Esta última es la más vista en la caleta Los Ñuros y son de mayor dimensión que las que suelen observarse en otros lugares como en Paracas (Ica). De acuerdo al registro del último censo realizado por la ONG, las tortugas verdes que se encuentran en El Ñuro miden en promedio 73 centímetros; la más pequeña 47,3 cm. y la más grande 107 cm. Recientes estudios han demostrado que éstas crecen 2,8 cm. por año. Pueden vivir cerca de cien años y nadan a profundidades de mil metros. Los tamaños de las tortugas de El Ñuro son las más grandes reportadas en el Perú y es el único sitio de alimentación donde hay más adultos.

Nadar con tortugas marinas ha sido una experiencia única y fue la primera vez que estuve con animales en mar abierto. Después de estar en el agua salì para fotografiar algunas de ellas y luego comencé a mirar a mi alrededor. El muelle apenas tenia 3 restaurantes y algunos quioscos donde los aledaños ofrecìan sus productos artesanales. Allí pensé: «Seria genial si se hiciera un proyecto temático aquì. Uno que combine el comercio zonal con el turismo y cuya arquitectura hable del lugar».

Horas màs tarde ya estábamos en el Royal Decameron de Punta Sal, pero la impresión que me dejò el haber disfrutado de cerca la naturaleza fue mágica y pienso que nosotros quienes estudiamos arquitectura o quienes son arquitectos(as) necesitamos màs de estos momentos porque avivan la creatividad. Fue el momento ideal para hacer bocetos y planear proyectos a futuro…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here