Hace un mes apróximadamente de nuevo la galería de exposiciones del Icpna de Miraflores dedicó sus espacios a compartir las obras de Alberto Quintanilla.

BIOGRAFÍA

Aunque el nombre les suene familiar, no es el abogado y político de la izquierda peruana que está en el Congreso, sino uno de los mejores artistas contemporáneos que tenemos en nuestro Perú. Nació en el Cuzco un 29 de abril de 1984 y es parte de una familia numerosa conformada por sus padres y 15 hermanos. El maestro se ufana de no haber dejado de crear desde que era niño, cuando hacía figuras como perros, gatos y toros con migas de pan en su Cuzco querido.

En sus caminatas por las calles y plazas del Cuzco comenzó a conocer el rico patrimonio de su tierra, las portentosas iglesias con su arquitectura pétrea, sus esculturas y pinturas; la variada artesanía cargada de mitos y leyendas, etc. Conocimiento que lo llevó más tarde a realizar las obras que expone desde hace algunos años hasta hoy.

Luego de terminar su secundaria Quintanilla realiza estudios de arte en la Escuela Regional de Bellas Artes del Cuzco bajo la dirección del maestro Mariano Fuentes Lira. Estando a mitad de carrera decide venir a Lima para seguir estudios de restauración y regresa a trabajar al Cuzco, y en 1957 ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes y paralelamente a sus estudios de pintura sigue cursos de técnicas de grabado. Culmina sus estudios ganando la medalla de oro y realiza sus primeras exposiciones en Lima. En 1953 gana una beca del gobierno francés para estudiar pintura en París, en el taller de restauración del Museo de Louvre y en la academia de grabado Hill Haiter. Luego, en  1964 ingresa al taller de grabado Christian Sorensen de Copenhague, Dinamarca y U.M. Graphic en 1965.

Quintanilla es un imaginero del mundo de lo cotidiano que alcanza la ternura pintando las cosas con las que ha logrado un místico contacto (…) Hay una combinación de espiritualidad y poesía en esas imágenes de arcángeles, sátiros, demonios, músicos, sapos”, dice el curador de la muestra Jorge Bernuy.

La tenacidad, la constancia en el trabajo, la entrega a su vocación, la búsqueda de lo onírico y lo mitológico hacen de este artista un soñador. Es activo y contemplativo a la vez, pero en esencia es un hombre que hace, que engendra y fragua la obra. Es un soñador de ideas y mundos extraños, un soñador de esperanza, de belleza y realidad, que siente sobre sí el deber de plasmar y de entregar ese trasmundo tan real como el otro que se ve y dar testimonio de esa vida del espíritu.

ESCULTURAS

No se pueden entender las esculturas de Quintanilla si no se asocian a las tradiciones populares del imaginero cusqueño, a las ferias y fiestas populares, con sus danzantes de tijeras, santos patronales y animales mitológicos. Los elementos lúdicos y oníricos se ven resaltados en estas esculturas de fierro forjado y esmaltado, con sus colores vivos de variados tonos de rojos, azules, verdes y violetas.

GRABADOS

En el grabado, Alberto Quintanilla ha logrado sus más altos niveles de expresividad, que le han permitido un amplio reconocimiento internacional. Toda su obra gráfica revela una gran habilidad para el manejo del aguafuerte y la litografía, logrando diferentes aproximaciones a los ambientes extraños, sobrecogedores y místicos en los que percibimos gestos indescifrables, miedos nocturnos, fósiles y demonios. En la búsqueda de ese realismo expresivo las líneas a veces se acumulan y otras veces se disuelven.

El perro enamorado de la luna”. (1974)

PINTURAS AL ÓLEO

En su obra todo es desfiguración y reinvención. Todo arde, todo vibra. El color y la luz es lo que finalmente importa, lo que transmite, atrapa y seduce. Mirar es participar en un ritual. Es perderse entre las figuras misteriosas, entre los demonios que danzan en sus propios submundos en las proximidades y fronteras de lo mágico del mundo andino.

DIBUJOS

El dibujo constituye la libertad del artista, la primera opción para reflejar el mundo tamizado por el filtro de su propia personalidad y de sus vivencias inmediatas. En el blanco del papel o la tela aparecen hombres trastornados, atemorizados, jueces corruptos, animales extraños, seres exóticos que mantienen una tensión de fondo.

Cuanto más fríos aparecen tanto más expresivos se hacen, más plásticos se revelan. Hay una participación apasionada en todo lo contemplado.

Quintanilla vive entre Francia y el Perú pero sigue conectado al país con sus obras. En unas vitrinas de la exposición hay muñequitos que construye con cartones, corcho y pepas de frutas como la palta y el mango. “Es una parte de mi trabajo que se conoce poco”, dice. “Aquí han faltado mis mascaras”, agrega. Dice que ya no quiere hacer más esculturas porque tiene tantas que podría llenar varias salas. Eso si, no va a dejar de pintar. Con cada obra que termina derrota a sus fantasmas. Cuadros, objetos, artesanías, esculturas de todo tamaño llenan las mesas, paredes y estantes de su casa.

Dicen que observando se aprende mucho y es muy cierto. No se me hubiera ocurrido antes hacer este tipo de trabajos utilizando y forjando el fierro para darle formas, algunas de las que me he enamorado por los detalles ♥ ♥ ♥

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